¿CUÁN PREPARADA ESTÁN NUESTRAS CIUDADES PARA ENFRENTAR CATÁSTROFES NATURALES?

Reposteado de El Mercurio

Onemi trabaja en un detallado mapa de riesgo a nivel nacional

 

En 12 días, el país enfrentó dos catástrofes. Por ello, especialistas de la Onemi y la Cámara de la Construcción revisan las principales amenazas que enfrentan las urbes.  
PAMELA GUTIÉRREZ Iquique, Arica y Valparaíso han sido afectados, en pocos días, por las principales amenazas que enfrenta nuestro país: dos terremotos, acompañados de un maremoto, y un incendio de gran magnitud, que han obligado a evacuaciones masivas en zonas urbanas.

Estas tragedias han dejado un saldo de 21 muertos, millonarias pérdidas, además del desafío de revisar nuevamente la planificación urbana y las medidas de mitigación para enfrentar los embates de la naturaleza.

En los centros de estudio y en las autoridades hay cierta tensión respecto de cómo están preparadas las ciudades ante estas catástrofes.

A modo de ejemplo, el Centro de Inteligencia Territorial, de la Universidad Adolfo Ibáñez, advierte que en la zona norte hay hospitales, comisarías, cuarteles de bomberos, municipios y cárceles en zonas inundables, y llaman al Estado a hacerse cargo de la planificación urbana.

En la Cámara Chilena de la Construcción plantean que si bien todas las ciudades tienen alguna vulnerabilidad relacionada con la naturaleza, aseguran que los lugares de riesgo “no deben manejarse implementando zonificaciones excluyentes en los planos reguladores”, entendida como prohibición de construcción.

“Dado que hay una amenaza, lo que tengo que hacer es mitigar ese riesgo, de lo cual tiene que hacerse cargo el Estado. La gente va a seguir viviendo allí (la de Valparaíso, por ejemplo), porque están arraigados. Hay que hacer una planificación urbana que permita vías de evacuación para que la gente escape rápidamente, cortafuegos”, dice subdirector de Gestión del Riesgo de la Onemi, Rodrigo Ortiz.

En el organismo destacan que sus planes de mitigación, como la instalación de sirenas, la ejecución de simulacros y la distribución de señalética, prepararon los habitantes en el norte para hacer frente a una emergencia.

Actualmente la institución opera con el Sistema Integrado de Información de Emergencia y están trabajando en un mapa nacional de riesgo, con el detalle a nivel comunal para enfrentar los peligros ya mencionados, como también inundaciones, aluviones y erupciones volcánicas.

Los vertederos ilegales, la otra mecha para los incendiosValparaíso es la segunda ciudad, después de Collipullli, con la mayor cantidad de incendios, lo que la pone en un nivel crítico extremo según un informe de la Conaf. De las urbes con más número de habitantes, Viña del Mar está en el lugar 13; Puerto Montt, en el 23, con un nivel crítico medio; Concepción (24) y Melipilla (28) están en nivel crítico medio.

La localización de poblaciones en lugares propensos a incendios ha estado en la discusión a raíz del siniestro ocurrido en la capital de la Quinta Región: “No se puede pretender que la gente no se localice en los cerros. Lo importante es ver cómo se puede habitar el lugar, evitando catástrofes mayores”, asegura la subdirectora del Centro de Inteligencia Territorial de la UAI, Nicole Norel. La académica sostiene que, a través de instrumentos de planificación, hay que establecer vías de evacuación, cortafuegos, grifos, “y así se pueden ocupar lugares que tengan cierto peligro, porque de lo contrario -con la prohibición de construir- no habría territorio donde estar”.

Norel advierte de otra fuente de incendios: los vertederos ilegales, concentrados en la zona norponiente y sur de Santiago. “Se presentan terrenos con mucha vegetación en las proximidades de los vertederos ilegales, por lo que en la eventualidad de un incendio forestal, este puede afectar la ciudad por la combustión de la basura”.

Al respecto, el director regional de Onemi, Miguel Muñoz, aseveró que inescrupulosos van a botar desperdicios durante la noche, para evitar ser descubiertos, y el riesgo “es que, en caso de incendio, no se sabe qué es lo que hay”. Agregó que han detectado que estas personas efectúan quemas intencionales con el fin de hacer más espacio en estos basurales.

Equipamiento en las zonas inundablesTras el terremoto y el maremoto que afectó a Iquique y Arica -que obligaron a la evacuación de la costa hasta Magallanes-, el Centro de Inteligencia Territorial de la Universidad Adolfo Ibáñez analizó qué equipamiento de difícil evacuación estaba localizado en zonas de inundación, según las cotas actualizadas del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA).

“Si se está expuesto a este riesgo de tsunami , no se pone equipamiento difícil de evacuar en esas zonas”, dice Nicole Norel, subdirectora del Centro de Inteligencia Territorial.

El estudio detectó que en Arica, un tsunami podría alcanzar la Sexta y Primera compañías de Bomberos, la Subcomisaría Chinchorro Norte y dos centros de salud. En Iquique serían afectados tres compañías de Bomberos y el centro penitenciario de Iquique. En el Gran Valparaíso (Valpo-Viña), los servicios más afectados están en la costa en Viña del Mar y en menor proporción en Valparaíso.

Según el Centro Sismológico Nacional, las réplicas del terremoto de comienzos de abril continuarán manifestándose en el norte, pero más distanciadas en el tiempo. En tanto, desde Pichilemu hacia el norte está la posibilidad de un sismo de 7,5 Ritcher, ya que “desde 1730 que no ha ocurrido un terremoto muy grande”, asegura el director Sergio Barrientos. El de 1985 fue uno menor y en Santiago se sigue estudiando la falla de San Ramón, que podría afectar a la capital.

En la Onemi destacan la coordinación con el Centro Sismológico Nacional, que envía la información al SHOA. Este organismo, que es el que determina si hay alerta o alarma de tsunami , ha mejorado el procesamiento de datos a entre cuatro y cinco minutos.

En paralelo, en Onemi se recibe la información de la red de 1.500 sensores en intensidad Mercalli -medida de percepción de un sismo- que son parte de la red de protección civil (bomberos, carabineros y radioaficionados, entre otros) para decidir una evacuación preventiva, de acuerdo al protocolo establecido entre la Onemi y el SHOA.

La incógnita de lluvias y proyecto de pronóstico de aluvionesEn junio de este año comenzará a despejarse la incógnita sobre cómo se comportarán las lluvias en esta temporada, considerando que la zona central ha sido castigada con cuatro años de sequía.

Desde el punto de vista meteorológico, la atmósfera está en condición neutra; es decir, dejando atrás el Fenómeno de la Niña (seca), y va en camino hacia el Fenómeno del Niño (lluvioso).

“Ahora existe la posibilidad de que llueva un poco más. No quiere decir que nos vamos a inundar (…) Hay una probabilidad media”, explica el geógrafo de la División de Protección Civil de la Onemi, Fernando Díaz.

Una de las amenazas históricas que han afectado a Santiago son las precipitaciones por sobre lo normal en corto tiempo. Por ejemplo, en 2002, indicó Díaz, en un solo día cayeron 111 mm de precipitaciones; es decir, un tercio de lo que cae en un año.

En cuanto a los aluviones -producidos por lluvias intensas en zonas cordilleranas donde normalmente cae nieve-, la Dirección Meteorológica y el Centro Nacional de Investigación para Gestión Integrada de Desastres Naturales, en conjunto con la U. de Notre Dame, trabaja en un proyecto de creación de un sistema de alerta temprana básico en la quebrada de San Ramón. Se espera que esté implementado en los próximos cinco años.

En el caso de Santiago, los últimos aluviones ocurrieron en el verano de 2013, que dejaron sin agua a gran parte de la ciudad. En todo caso, las autoridades destacan que tras los aluviones de Antofagasta (1991) y de Santiago (1993), se tomaron medidas de mitigación.

El pasado 4 de abril ya hubo una reunión de la Onemi metropolitana con los encargados de protección civil y emergencia, junto con los provinciales de emergencia, quienes tuvieron que llenar una ficha con los puntos críticos de sus comunas. Esto es parte del Plan de Invierno, que se aplicará en las demás regiones.

Volcanes: desde el año 1939 que una erupción no afecta a una ciudad capital a lo largo del paísEl Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) maneja un listado de 91 volcanes activos, siendo 12 los más peligrosos. Los cinco primeros son el Villarrica, el Llaima -ambos en La Araucanía-, Calbuco, Chaitén -Región de Los Lagos-, y Láscar, en la Región de Antofagasta.

Los especialistas aseguran que estos macizos están en poblados con pocos habitantes. Incluso el Villarrica, que tiene cercanía con Pucón y Licanray, no afectaría a Temuco, ya que los vientos en Chile soplan desde la costa hacia la cordillera.

En la Onemi de Arica, sin embargo, están atentos al volcán Parinacota, ubicado en el lugar 21 del listado de Sernageomin. Aunque está en la precordillera, el material podría eventualmente afectar los ríos hasta llegar al mar, según dice el director regional Franz Schmauck. En Antofagasta, el volcán Láscar solo afectaría al poblado de Talabre, ubicado a 17 kilómetros al oeste del cráter, y las posibilidades de que el material expulsado llegue a la zona costera serían a causa de un evento poco frecuente de vientos hacia el oeste. La última erupción que afectó a una ciudad capital fue en 1939, en Talca, cuando entró en actividad el volcán Cerro Azul-Quizapu.

Sernageomin está monitoreando los volcanes activos las 24 horas en tiempo real. El subdirector de Gestión de Riesgo de la Onemi, Rodrigo Ortiz, explica que aunque están en vías de elaborar un mapa de riesgo, “no significa que en este país estemos en la indefensión, porque las comunas tienen identificados sus riesgos”.

http://diario.elmercurio.com/detalle/index.asp?id=%7b0c405f84-9fc6-4638-a0b2-9ed4ed6af690%7d#

LAS CIUDADES QUE DESEAMOS VERSUS LAS NORMATIVAS Y PRECIOS DE SUELO QUE TENEMOS

Resposteo el Dínamo

A normas más permisivas, precios más caros y por ende solo cierto tipo de establecimientos y edificación de alta densidad, mientas que otras partes de la ciudad, que están bien ubicadas y con acceso a un buen estándar de equipamiento, podrían volverse una alternativa atractiva si aumentaran la cantidad de pisos que se puedan construir, a unos 6 u 8 por ejemplo…

 

No se puede controlar el crecimiento de las ciudades[1], no queremos que éstas se expandan a costa de terrenos rurales y mayores tiempos de viaje y tampoco nos gusta la densificación, con sus altas torres llenas de pequeños departamentos que emergen luego de la demolición de las casas, ¿qué podemos hacer ante esta encrucijada?.

Se puede recoger de las conversaciones cotidianas, las redes sociales y los seminarios académicos, que deseamos ciudades más armónicas, con barrios que funcionen (es decir que se puedan cubrir parte de las necesidades de provisión bienes, servicios  y recreación a una distancia caminable), con una oferta de espacios públicos suficientes y equipamiento vial que permita una sana convivencia entre los peatones, los ciclistas y los conductores de vehículos motorizados.

Al recorrer nuestras ciudades podemos observar que existen algunos barrios con estas características, pero muchos otros, donde no están equilibrados la oferta de equipamiento urbano y servicios con la cantidad de población que los demanda; ya sea porque se trata de barrios de baja densidad en estado de deterioro, donde el Estado no ha invertido y para los privados tampoco es rentable localizar comercio u otro emprendimiento de escala local, o el caso de los barrios con concentración de edificación en mucha altura, donde al Estado le queda poco espacio para intervenir y los precios de los suelos hacen que, pese a la gran afluencia de posibles clientes, sea difícil el surgimiento de locales que no pertenezcan a las grandes cadenas. Anhelamos cafecitos y un comercio de proximidad variado gracias a una oferta más atomizada, que pueda dar una respuesta más cercana a las inquietudes de los  vecinos, pero solo encontramos farmacias y mini mercados.

¿Por qué no evitar los extremos?, se podía pensar en  una situación con superficies más grandes de territorio construido a una altura intermedia, ojalá con bastantes más barrios mixtos, con un primer piso de diversos equipamientos, en su más amplia definición, que generen actividad y den vida al espacio público.

Aquí es importante entender cómo se calcula el precio del suelo; tal como un terreno muy fértil, en el cual se puede obtener abundantes frutos es más caro que otro del mismo tamaño, pero seco, el precio al cual alguien está dispuesto a pagar para comprar suelo, está directamente relacionado con lo productivo que sea, es decir cuánto diga la norma que se puede construir ahí[2].

Lo que más se observa en los instrumentos de planificación vigentes, es una separación importante entre las alturas máximas, para conseguir cierta especialización de los barrios, en función de los precios que pueden pagar los diversos usos. A normas más permisivas, precios más caros y por ende solo cierto tipo de establecimientos y edificación de alta densidad, mientas que otras partes de la ciudad, que están bien ubicadas y con acceso a un buen estándar de equipamiento, podrían volverse una alternativa atractiva si aumentaran la cantidad de pisos que se puedan construir, a unos 6 u 8 por ejemplo, y así conseguir renovar barrios que están deprimidos[3] en los que hoy solo hay casas deteriorándose. Si la norma no permite construir torres de 25 pisos, el precio se ajustará al que permita desarrollar proyectos de densidad intermedia, es decir precios más bajos de los que hoy se observan en las zonas con gran actividad inmobiliaria.

Con la llegada de nuevo vecinos, estos lugares se podrían ir activando, apareciendo nuevos equipamientos y servicios que aumenten la calidad de vida de sus habitantes.

http://www.eldinamo.cl/d-ciudad/2014/07/24/las-ciudades-que-deseamos-versus-las-normativas-y-precios-de-suelo-que-tenemos/

LO QUE LA PLANIFICACIÓN URBANA NO PUEDE HACER: DETENER EL CRECIMIENTO DE LAS CIUDADES

Reposteado de El Dínamo

Más que preocuparnos de cómo controlar el crecimiento de las grandes ciudades, la tarea debe ser hacer más atractivas las ciudades intermedias, dotándolas de altos estándares urbanos y buenos servicios, incentivando de esta forma un desarrollo territorial más armónico.

En estos últimos meses, se ha visto en la prensa y en las redes sociales como ante dos importantes tragedias en el país, muchos hemos salido a proclamar a la planificación urbana, o más bien a la falta de ella, como la responsable de las graves consecuencias que han tenido para la población más vulnerable el terremoto en el Norte Grande y el incendio de Valparaíso.

Siendo esto bastante cierto, no se puede llegar a pensar que a través de las Leyes y Normativas Urbanas, las autoridades locales o nacionales pueden controlar la evolución de las ciudades a su voluntad, por muy buenas intenciones que tengan.

Las ciudades son en la actualidad, y han sido a través de la historia, fuertes imanes que atraen a  las personas a dejar su lugar de origen, sus raíces y a sus cercanos en búsqueda de un mejor porvenir. El sueño de un mejor futuro es el principal motor de las migraciones, y a esas personas que desean tener mayores oportunidades, no se les puede prohibir migrar hacia los centros urbanos.

Así es como hoy en día el  87%  la población nacional es urbana,  el 66% de las personas viven en ciudades de más de 100.000 habitantes y el 45% de la población de Chile vive en una de las tres Áreas Metropolitanas (Gran Santiago, Gran Valparaíso y Gran Concepción).

Si lugar a dudas que la migración excesiva a las ciudades puede generar problemas para los residentes originales, por cuanto se debe compartir el equipamiento urbano con más personas y de no crecer este equipamiento urbano con la misma rapidez que la densificación, se generan mayores tacos, el trasporte público se llena, los precios de las viviendas suben y en general empeora la calidad de vida. Esto lo evidencian las personas que habitan en barrios residenciales tradicionales cuando se empiezan a construir altas torres en donde antes solo estaban las casas de unos cuantos vecinos, y también las personas que han tenido que emigrar a los suburbios aumentando las distancia de sus desplazamientos, buscando más áreas verdes y una vida más apacible.

Resulta bastante tentador pensar en frenar esta migración mediante la planificación urbana, pero lamentablemente esto no es posible como ilustra el siguiente ejemplo:   En 1580 en Londres vivían unas 200.000 personas, la mitad dentro de la amurallada City de Londres (+- 250 hectáreas) y la otra mitad fuera de ella. Existía la preocupación de que Londres estaba creciendo mucho más rápido que (y en desmedro de) la otras ciudades de reino. Los temores de este crecimiento desmedido eran 3: Peste, Fuego, Influencia política del pueblo como multitud.

Esta situación justificó que la reina Isabel I de Inglaterra dictara un decreto real para limitar el crecimiento de Londres, que se renovó y reforzó durante 80 años, pero los efectos no fueron los esperados; la prohibición no disminuyó el atractivo de Londres, por lo que la demanda creció y al estar restringida la oferta inmobiliaria, se le dio un uso más intensivo al espacio disponible. Así, se subdividieron propiedades, se construyeron sótanos, más pisos sobre el nivel de la calle y altillos, lo que tuvo como resultado más hacinamiento y enfermedades. Posteriormente la peste de 1665 y el gran incendio de Londres de 1666, que destruyó 2/3 de la ciudad, forzaron  la eliminación de la medida.

Más que preocuparnos de cómo controlar el crecimiento de las grandes ciudades, la tarea debe ser hacer más atractivas las ciudades intermedias, dotándolas de altos estándares urbanos y buenos servicios, incentivando de esta forma un desarrollo territorial más armónico.

http://www.eldinamo.cl/d-ciudad/2014/06/17/lo-que-la-planificacion-urbana-no-puede-hacer-detener-el-crecimiento-de-las-ciudades/