En el marco de un encuentro que reunió a autoridades locales y representantes de la Cámara Chilena de la Construcción Valparaíso, en Quillota, el director del Centro de Inteligencia Territorial (CIT) de la Universidad Adolfo Ibáñez, Luis Valenzuela, presentó una mirada estratégica sobre el desarrollo de la Región de Valparaíso. Valenzuela enfatizó en que la infraestructura debe ser entendida no como un fin en sí mismo, sino como un medio para mejorar el bienestar de las personas y fortalecer el desarrollo territorial.
Infraestructura, conectividad y desarrollo territorial
Durante su exposición, Valenzuela propuso relevar el propósito de las inversiones en infraestructura -como carreteras, puertos, sistemas energéticos y redes de movilidad- orientándolas hacia los impactos que generan en la calidad de vida. En esta línea, situó la discusión en una perspectiva histórica, recordando cómo desde la década de 1970 ya se proyectaba a la Región de Valparaíso como parte de una macrozona central articulada; una visión que hoy se consolida en la idea del “diamante central de Chile”, donde la integración se basa en redes de conectividad y tiempos efectivos de desplazamiento.
“La infraestructura es un fin, pero también es un medio. La pregunta clave es para qué la estamos haciendo, cuál es su propósito y qué impacto queremos lograr”, planteó.
A partir de esta lectura, el director del CIT enfatizó que la región no debe entenderse desde una lógica dependiente de Santiago, sino como un territorio con dinámicas propias, caracterizado por procesos de conurbación e interconexión funcional entre ciudades. “Cuando hablamos de ciudades como Quillota, no hablamos de una ciudad aislada, sino de sistemas integrados con La Cruz, La Calera o Nogales, que funcionan como una sola unidad territorial a lo largo del día”, explicó.
Estas dinámicas se ven reforzadas por la relevancia que ha adquirido la región en los sistemas logísticos de América Latina, particularmente a través de los corredores bioceánicos que conectan los mercados del Atlántico y el Pacífico. En este contexto, destacó el rol del corredor Mercosur-Chile, impulsado en el marco de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), así como la importancia estratégica de los puertos de Valparaíso y San Antonio.
“Chile tiene una posición privilegiada en el Pacífico, y dentro de Sudamérica los puertos más relevantes están en esta región. Eso nos posiciona en una red de intercambio global clave”, señaló.
En su análisis, Luis Valenzuela identificó la consolidación de diversos corredores de desarrollo al interior de la región, tanto de carácter logístico como urbano, incluyendo el corredor bioceánico que conecta la cordillera con los puertos, sistemas costeros y conurbaciones interiores como el eje Quillota-La Calera-Nogales. Estos espacios han experimentado importantes procesos de crecimiento, con incrementos poblacionales que superan el promedio del área metropolitana del Gran Valparaíso, dando cuenta de una integración territorial efectiva que va más allá de las ciudades principales.
Matriz de bienestar y toma de decisiones territoriales
El avance de estos procesos también conlleva tensiones en los territorios. Sin embargo, Valenzuela planteó que estos conflictos deben ser comprendidos como espacios necesarios de negociación, que permiten compatibilizar el desarrollo económico con la protección de condiciones ambientales, patrimoniales y sociales. “No se trata de desarrollar a cualquier costo, sino de hacerlo conservando aquello que queremos preservar y mejorar la calidad de vida de las personas”. En este contexto, subrayó que hoy existen capacidades técnicas y conocimiento para avanzar hacia modelos de desarrollo que integren crecimiento y bienestar.
Un elemento central de la exposición fue la presentación de la Matriz de Bienestar Humano Territorial (MBHT), herramienta desarrollada por el CIT que permite medir las condiciones de vida de la población a escala local mediante 18 indicadores agrupados en cuatro dimensiones: accesibilidad, medio ambiente, condiciones socioeconómicas y seguridad.
Esta matriz, disponible en una plataforma abierta, permite identificar brechas, definir estándares de calidad de vida y simular el impacto de proyectos específicos, como la incorporación de áreas verdes o equipamientos urbanos, facilitando una planificación más precisa y contextualizada. A nivel regional, el indicador promedio de bienestar alcanza 0,45, lo que evidencia desigualdades internas y refuerza la necesidad de orientar el desarrollo hacia una mejora efectiva en la calidad de vida.
La presentación concluyó destacando el carácter estratégico de la Región de Valparaíso, que concentra el principal corredor bioceánico y el sistema urbano costero más extenso del país. “La región tiene una oportunidad única: crecer, integrarse y desarrollarse, pero asegurando que ese crecimiento se traduzca en bienestar para las personas”, concluyó.








